Por qué no podés dar el paso aunque sabés que algo tiene que cambiar
Hay una situación que se repite mucho y que pocas veces nombramos con todas las letras.
Sabés que algo ya no funciona. Lo sentís en el cuerpo, lo pensás, lo hablás con las personas cercanas.
Digamos que hay algo adentro tuyo que dice claramente: es momento de moverse.
Y aun así, no te movés.
No porque no quieras o seas cobarde. Sino porque hay algo mucho más profundo operando que la simple decisión de cambiar o no.
El diálogo que no para
A lo que voy es que cuando estamos en esa situación, se genera una especie de confrontación interna. El cuerpo dice una cosa, la mente otra, y entre los dos arman un ruido difícil de ignorar y también de descifrar.
¿Te suena esto?
Y sino fíjate lo que te pasa cuando tenés esa sensación de que algo tiene que modificarse, pero que el solo hecho de pensarlo ya te genera una resistencia.
A mí, por ejemplo, cuando estoy en esa contradicción lo primero que noto es que pierdo el apetito. Se me van las ganas de comer. Por eso, cuando me dí cuenta de este mecanismo pude comprender que es la manera que tiene mi cuerpo de expresarse antes que la cabeza termine de procesar.
Sin embargo, cuando no tenemos esta auto observación, señales como la que te acabo de compartir pasan desapercibidas. Y desde ese lugar - cuando no nos comprendemos- muchas veces empezamos a hostigarnos con preguntas como: ¿por qué no puedo simplemente animarme? ¿Qué me falta? ¿Será que no tengo suficiente valentía?
Lo importante a saber: tu sistema nervioso no entiende de lógica
Nuestro sistema nervioso no razona, siente. No distingue entre un peligro real y uno imaginado. Por eso cuando algo le resulta nuevo o desconocido, la respuesta automática es activar la alerta.
Y quizás te parezca algo descabellado esto que te estoy compartiendo.
Pero, a lo que voy es que, aunque estemos en pleno siglo XXI con toda la información disponible, a nivel cerebral seguimos teniendo ese mecanismo primitivo que asocia lo desconocido con el riesgo. Como si querer salir de la cueva significara automáticamente enfrentarse al dinosaurio.
Por eso, convencerte desde la lógica de que el cambio es positivo no alcanza. Tu cabeza puede entenderlo perfectamente y aun así tu cuerpo seguir paralizado. Y para mí… No es contradicción, es biología.
La tendencia a empujar
Cuando nos damos cuenta de esta resistencia, la tentación es ir al extremo: o nos hostigamos creyendo que somos cobardes, o intentamos hacer el salto de manera abrupta para demostrar que sí podemos.
Para mi, las dos estrategias generan el mismo resultado: más tensión, más sabotaje, más agotamiento y fricción.
Y sino, fijate esto.
Si cada vez que sentís resistencia te decís así voy a terminar por el resto de mi vida, lo único que lográs es reforzar el freno. En cambio, si podés empezar a observar lo que te sucede con curiosidad en lugar de con juicio, algo empieza a aflojarse.
Y aquí no se trata de dar un salto enorme. Se trata de reconocer qué está pasando adentro antes de exigirte que algo cambie afuera.
Una cosa que podés hacer esta semana
Ponete en modo observadora. Identificá eso a lo que te estás resistiendo y, en lugar de etiquetarlo como bueno o malo, simplemente nombralo.
Ponerle una palabra ya es un movimiento enorme.
Y si no encontrás el término, jugá con esto: si esa resistencia fuese una canción, ¿cómo sonaría? Si fuese un color, ¿cuál sería? Si fuese una textura, ¿cómo se sentiría al tacto?.
A veces lo que no podemos nombrar de frente, lo abordamos desde otro ángulo y llegamos al mismo resultado 🙌🏼.
Así que ahora para cerrar, te pregunto:
¿Qué estás sosteniendo hoy y te pesa?. Si te nace el deseo de querer soltarlo y no te sale ¿podes reconocer cuál es la resistencia?.
Si esto te resonó, me encantaría leerte.
Podés contármelo en los comentarios o escribirme por mail haciendo click acá.
Y por último, si todo esto te ha resonado, te invito a:
🎙 Escuchar el episodio #102 donde profundizo sobre este tema, en mi Podcast Eleva tu mirada en Spotify y activar la campanita para no perderte ningún capítulo.
📩 Sumarte a mi comunidad suscribiéndote a mi newsletter semanal, haciendo click acá.