Hay una creencia muy instalada que vale la pena revisar, la de "controlar todo nos da seguridad". Que si nos anticipamos a cada posible escenario, si tenemos todo bajo la lupa, entonces vamos a estar a salvo.
Pero, ¿qué pasa si en realidad es al revés? ¿Qué pasa si ese intento constante de controlarlo todo es justamente lo que nos genera más inestabilidad, más tensión, más agotamiento?
Control disfrazado de estabilidad
Muchas veces confundimos dos cosas que parecen iguales pero no lo son: la seguridad real y el control. Creemos que estar pendientes de cada detalle, de cada variable, es lo que nos va a sostener. Y en realidad lo que estamos haciendo es construir una estabilidad falsa, una que depende de que todo salga exactamente como lo planeamos.
El problema es que la vida no funciona así. Y cuando algo se escapa de ese control que tanto necesitamos, en lugar de sentirnos seguras, nos desmoronamos.
Dónde está la seguridad real
La clave para mí está en correrse de esa mirada y entender que la seguridad genuina no nace de lo que podemos controlar, sino de confiar en nuestra propia capacidad de respuesta. Confiar en que, pase lo que pase, vamos a poder sostenernos. Aunque al principio nos descoloque. Aunque no tengamos toda la fuerza en ese momento.
Por eso me interesa abrir el espacio para preguntarte: ¿hubo alguna vez en tu vida algo que no controlaste y que salió bien, incluso mejor de lo que esperabas?
Pensalo... no lo apures, masticalo y dejá que se presente ante vos sin ponerle peros, simplemente conectando con la sensación de lo que aconteció.
Y si la ansiedad te gana, te traigo una historia breve que circula mucho en redes y que me parece muy clara para ilustrar esto: un maestro le pide a sus alumnos que adivinen cuánto pesa un vaso de agua que sostiene en alto. Después de varias respuestas, les explica que el peso real no importa. Lo que importa es cuánto tiempo lo sostenés: un minuto, una hora, un día entero. Cuanto más tiempo lo sostenés, más pesado se siente, aunque el vaso nunca cambió de peso.
Dentro de mi interpretación, considero que generalmente cuando no somos conscientes de nuestras capacidades, virtudes y fortalezas, sostenemos un vaso creyendo que lo importante es el vaso. Y en realidad, lo importante es quien lo sostiene. La fuerza no está en el objeto sino en nosotras que lo estamos manteniendo.
Lo que pasa cuando delegás tu criterio por no recordar tu poder personal
Algo que suele pasar dentro de este patrón de confundir seguridad con control es consultar todo con otros antes de decidir. Porque a veces resulta tan incómodo bancarse la duda, la inseguridad y la responsabilidad de hacerse cargo de las propias decisiones, que es más fácil desligarse de esa inestabilidad buscando la certeza en el afuera.
Por eso, cuando se consulta demasiado al entorno generalmente no es porque necesitemos realmente esa opinión, sino porque al delegar la decisión, también delegamos la responsabilidad.
A lo que voy es que esto puede sentirse como prudencia, pero muchas veces es otra forma de control: control sobre el resultado, sobre no equivocarnos, sobre tener siempre alguien a quien señalar si algo sale mal.
Y lo mismo pasa con el exceso de análisis. Pensar y repensar una decisión hasta el cansancio no la vuelve más acertada. Solo posterga el momento de animarse y desafiarse a una misma con lo que esa elección traiga.
Una cosa que podés hacer esta semana
Elegí una decisión pequeña, de esas que normalmente consultarías con alguien más o que analizarías hasta el agotamiento. Y esta vez, antes de sobrepensarla o salir a buscar el consentimiento externo, parate un momento y preguntate qué es lo que vos sentís.
No busques la opinión ajena todavía. No analices cada variable posible. Simplemente notá qué te dice tu propio criterio.
Y si te animás a ir un paso más allá, preguntate también: ¿qué podría pasar si decido esto sola?
Por eso para cerrar este artículo, me encantaría dejarte con esta pregunta semilla: ¿qué sería para vos sentirte segura sin necesidad de controlarlo todo? ¿Sin estar pendiente de lo que los demás puedan opinar sobre algo que es tan propio, tan tuyo? Dejá esto decantando durante estos días y observá qué es lo que te pasa.
Y si esto te resonó, me encantaría leerte. Podés compartirlo en los comentarios o escribirme por mail haciendo click acá.
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