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No es que no sepas qué decir: es que evitás lo incómodo

¿Sabés exactamente lo que querés decir pero igual no lo decís? No es falta de claridad. Es evitación disfrazada de prudencia. En este artículo te cuento las frases que usamos para postergar conversaciones importantes y qué hay realmente detrás de ellas.

No es que no sepas qué decir: es que evitás lo incómodo

Sabés exactamente qué querés decir. Sabés a quién. Sabés para qué. Y aun así, algo te frena.

No es confusión. No es que necesites más tiempo para pensarlo. Es que dilatamos esas conversaciones disfrazándolas de prudencia o cautela, cuando en realidad lo que hay debajo es una creencia mucho más simple: si lo digo, no sé qué va a pasar.

Las excusas que usamos para no hablar

Hay frases que repetimos casi en automático cada vez que postergamos una conversación importante. La primera es "no es el momento indicado." Esperamos que las condiciones sean perfectas para recién ahí animarnos. El problema es que ese momento ideal nunca termina de llegar, porque siempre le encontramos una razón más para seguir esperando.

La segunda es "prefiero no decir nada para no herir susceptibilidades." Como si lo que tenemos para decir fuera, necesariamente, dañino. Pero si lo que querés expresar viene de un lugar constructivo, de fortalecer un vínculo o mejorar una situación, la clave no está en callarlo, sino en encontrar las palabras que lo comuniquen bien.

Y la tercera, quizás la más reveladora, es "van a pensar que soy conflictiva." Acá el miedo no tiene tanto que ver con lo que vamos a decir, sino con la imagen que vamos a dejar. Con cómo nos van a ver.

Lo que estas frases tienen en común

A lo que voy es que las tres comparten una misma raíz: ponemos la percepción del otro por delante de lo que nosotras necesitamos comunicar. Y desde ahí, la conversación queda en pausa indefinidamente.

Pero acá hay algo importante para considerar: esa conversación incómoda que estás evitando también puede ser profundamente reveladora. No solo para quien la escucha, sino para vos misma.

Cómo se ve esto en la práctica

Pensá en una propuesta que querés llevarle a tu jefe pero seguís postergando porque "todavía no es el momento". O en una charla pendiente con una amiga sobre algo que no te gustó, que seguís esquivando aunque ella misma a veces te da pie para hablarlo.

En ambos casos, el patrón es el mismo: no es que no sepamos lo que queremos decir. Lo sabemos perfectamente. Lo que nos falta es el permiso interno para decirlo.

Una cosa que podés hacer esta semana

Hacé una lista de las frases que te repetís cada vez que evitás una conversación. Pueden ser estas tres, o pueden ser otras completamente tuyas. Lo importante es identificarlas, porque una vez que les ponés nombre, se vuelve mucho más difícil seguir escondiéndote detrás de ellas.

Por eso ahora para dejarte pensando te dejo con estas preguntas para que te observes: ¿Qué conversaciones estás evitando? ¿Y con qué argumento te convencés de no decir lo que ya sabés que tenés que decir?

Si esto te resonó, me encantaría leerte. Podés compartirlo en los comentarios o escribirme por mail haciendo click acá.

Para cerrar, también podés:

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