Hay algo que pasa casi siempre cuando empezamos algo nuevo y no lo hablamos suficiente. No es el miedo a no poder. Es algo más incómodo que eso: la vergüenza de que se nos note que no sabemos.
Porque una cosa es empezar. Y otra muy distinta es empezar delante de otros que ya están un par de pasos más adelante. Ahí, sin darnos cuenta, es donde aparece un relato interno desde la vergüenza que dice: mejor no digo nada, mejor no pregunto, mejor espero a estar más preparada.
¿Te suena? ¿Alguna vez te quedaste callada en un espacio nuevo porque no querías quedar expuesta o temer a quedar incorrecta?
Mi anécdota: La clase de italiano que casi no vuelvo a pisar
Hace varios años me anoté en un curso intensivo de italiano. Tenía un viaje a Italia planeado y quería llegar con algo más que gestos y buena voluntad así que me anoté con toda la ilusión del mundo.
En la primera clase, descubrí que había compañeros que ya sabían cosas. Pronunciaban, conocían el abecedario, contaban del uno al cien y yo empecé a sentir que me había metido en el lugar equivocado.
Incluso, mientras manejaba a casa después de esa jornada, cada dos por tres se me cruzaba el pensamiento de: ¿cómo pretendo aprender italiano en seis meses si no sé nada, y para colmo en la primera clase ni siquiera pude emitir palabra?
Ahí me di cuenta de lo que realmente estaba pasando: yo estaba saboteando mi propio proceso de aprendizaje y que tanta ilusión me había dado, tan sólo por compararme.
Lo que la comparación le hace a tu proceso
A lo que voy es que cuando empezás algo nuevo y te medís con quien ya lleva un camino recorrido, lo único que lográs es sacarte del único lugar donde podés crecer: tu propio proceso.
Cada persona llega a ese punto de partida con una historia diferente. Que los demás sepan más no significa que vos estés en el lugar equivocado. Significa que cada una está en su momento. Y el tuyo es en el que estás.
Por eso, declararse principiante no es una derrota ni mucho menos algo por lo cual sentirte avergonzada. Es honestidad. Es el coraje de mostrarte tal cual estás. Y lo más importante de todo, es que lejos de quitarte valor, te abre algo que el que "ya sabe" muchas veces perdió: la capacidad de aprender sin filtros.
Entonces, ¿qué pasaría si en lugar de querer parecer que sabés, te permitieras simplemente aprender?
Lo que pasó después
Seguí yendo al curso. Dos veces por semana. Y con el tiempo empecé a soltar esa necesidad de no quedar expuesta y a comprometerme más con mi proceso.
Terminé las dos nivelaciones. Me fui a Italia. Hablé italiano. Y hasta recibí el comentario de algunas personas que me dijeron que les parecía muy bien para haber hecho un intensivo.
Nada de eso hubiera pasado si me hubiera quedado atrapada en la vergüenza de esa primera clase.
Lo que te propongo luego de terminar este artículo
Observá en qué área de tu vida estás evitando sentirte principiante. No donde ya sabés, sino donde te encantaría empezar algo pero te frenas porque no querés quedar expuesta.
Y hacete esta pregunta: ¿no lo estoy haciendo porque me da cosa sentirme expuesta?
Al fin y al cabo, la diferencia entre abandonar y continuar muchas veces está en lo que te surja como respuesta.
Así que ¿qué es eso que querés empezar y aún te frena? Me encantaría saberlo, si querés contámelo por mail haciendo click aquí o incluso, podés dejarlo en los comentarios.
Para cerrar, también te invito a:
🎙 Escuchar el episodio #99 donde hablo sobre este tema, en mi Podcast Eleva tu mirada en Spotify y activar la campanita para no perderte ningún capítulo.
📩 Sumarte a mi comunidad, suscribiéndote a mi newsletter semanal, haciendo click acá.