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Cómo dejar de ser tan rígida sin sentir que las cosas ya no te importan.

¿Creés que ser flexible significa que las cosas dejaron de importarte? No es así. En este artículo te cuento cómo construir estabilidad sin necesidad de controlarlo todo, y por qué el punto medio entre la rigidez y el descontrol es mucho más sostenible que cualquiera de los dos extremos.

Cómo dejar de ser tan rígida sin sentir que las cosas ya no te importan.

Hay un miedo que aparece cada vez que pensamos en soltar un poco el control: el miedo a que, si dejamos de exigirnos tanto, las cosas dejen de importarnos. Como si la única manera de comprometernos con algo fuera hacerlo desde la rigidez.

Pero esa ecuación no es real. Se puede sostener un compromiso genuino sin necesidad de vivir tensas todo el tiempo.


El patrón que en algún momento nos sirvió

Si bien hablamos mucho de organización, planificación y control, algo que me parece importante aclarar es que el problema muchas veces no se trata de ser más organizada, sino de poder descubrir que el patrón que en algún momento nos sostuvo, hoy quedó desactualizado para la versión que somos ahora.

Cuando algo en tu día a día no sale como lo planeaste, ¿cuál es tu primer impulso? Para muchas, la respuesta automática es: me voy a poner más firme, me voy a exigir más. Como si la solución a cualquier desvío fuera apretar todavía más el control.

El efecto rebote de la rigidez

A esto le llamo efecto rebote, y se aplica a mucho más que a un solo aspecto de la vida. Cuando hacemos un cambio o un ajuste de manera muy estricta, tarde o temprano algo cede. Los resortes saltan y terminamos volviendo al punto de partida, muchas veces sintiéndonos peor que antes.

Yo lo viví con la comida en algún momento de mi vida: rutinas tan rígidas que, en lugar de sostenerme, terminaban colapsando. Y ahí entendí algo importante: la rigidez no genera compromiso sostenido. Genera, tarde o temprano, abandono.

Dónde está el verdadero punto de apoyo

Lo que aprendí con el tiempo es que la seguridad no tiene que venir de afuera. No tiene que depender de seguir una regla al pie de la letra ni de cumplir un plan exactamente como lo armamos. Tiene que nacer de estar en contacto con lo que realmente nos mueve, lo que nos hace bien, lo que nos descarrila y por qué.

A lo que voy es que no hace falta irse a los extremos del todo o nada. Existe un punto medio, y ese punto medio funciona mejor cuando está anclado en el deseo y no en el miedo. No es lo mismo sostener algo porque genuinamente te entusiasma, que sostenerlo porque te aterra la idea de fallar.

Esa diferencia, aunque sutil, lo cambia absolutamente todo.

Reconciliarte con vos misma

En mi propio proceso entendí que muchas veces nos exigimos sostener ideas o decisiones que en algún momento tuvieron sentido, pero que hoy ya no nos representan. Y soltar esa rigidez, aunque al principio genere algo de culpa, termina siendo un acto de honestidad con quien somos ahora.

No se trata de abandonar todo de golpe. Se trata de ir amoldando, de ir observándote, de permitirte cambiar sin que eso signifique haber fallado.

Una cosa que podés hacer esta semana

Elegí algo que normalmente harías con mucho detalle y dejá intencionalmente algunos espacios sin definir. Y al final de la semana, en lugar de evaluar si lo lograste o no, preguntate simplemente qué sentiste con eso.

No busques el resultado perfecto. Buscá la información que te da la experiencia.

¿Qué sería para vos construir estabilidad desde la confianza en vos misma, en lugar de hacerlo desde el control sobre todo lo que te rodea? Dejá esta pregunta abierta estos días y observá qué te aparece.

Y si esto te resonó, me encantaría leerte. Podés compartirlo en los comentarios o escribirme por mail haciendo click acá.

Para cerrar, también podés:

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